¿Realmente disfruto lo que hago?

Foto por Erick Torres

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¿Qué es aquello que te hace sentir vivo o más cerca de tu Creador?

Por Gracia Anderson

Muchas veces en la vida hacemos las cosas sin tomarnos el tiempo para preguntarnos: ¿Realmente estoy disfrutando lo que hago? 

Parece una pregunta sencilla; sin embargo, nuestra respuesta puede ser la clave para encontrar maneras diferentes de hacer las cosas, para ayudarnos a conocernos mejor a nosotros mismos e incluso para dar pasos hacia una vida de mayor gozo.

Algunos crecimos en ambientes donde tal vez no se nos permitía ser nosotros mismos; o quizá tuvimos que comprometer nuestro propio disfrute para satisfacer las necesidades de otras personas. Esto en ocasiones genera que nos cueste trabajo siquiera reconocer quienes somos, saber qué nos gusta o nos es placentero. 

Incluso podemos llegar a pensar, influenciados por nuestra cultura social, familiar o de iglesia, que está mal deleitarnos en lo que hacemos y pensamos que debemos llevar una vida de sacrificio donde disfrutar no está permitido. Eso es una mentira.

En la Biblia encontramos referencias directas en las que el Señor se complace en la obediencia de sus hijos. Dios nos llama  a deleitarnos en su Palabra, a regocijarnos en alabanza y júbilo. En 1 Tesalonicenses 5:16, Pablo exhorta a sus hermanos a estar «siempre gozosos» (RVR1960).

Creo con firmeza que el Señor se complace en nuestro disfrute, siempre y cuando lo que hagamos sea de su agrado. Es más, me atrevo a decir, que una de las mejores maneras de alabarlo es usando nuestros dones para su gloria. Dios nos creó con un propósito y lo que trae placer a cada alma de manera particular se adecúa a este. 

¿A ti qué te gusta? ¿Qué es aquello que te hace sentir vivo o más cerca de tu Creador? Nos daremos cuenta de que no siempre nos gustarán las mismas cosas. Dios nos transforma y renueva en Cristo, por tanto, tiene sentido que a medida que vamos madurando o cambiando de etapa de vida, encontremos placer en cosas diferentes. Por lo que este ejercicio de conocernos tiene que ser dinámico y no algo de una vez.

Dios nos ha prometido una vida en abundancia, ríos de agua viva. Permitamos que Dios transforme nuestro entendimiento respecto a este tema, estemos atentos a las oportunidades que nos presente para encaminarnos en el descubrimiento de aquello que nos trae gozo y a encontrar nuestro propósito especial. 

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