¿Cómo deseo terminar el año? 

Foto por Michell Arévalo

Metas y disciplinas espirituales para el cierre del año

Por Cesia Carrillo Clemente

¿A dónde quiero llegar? ¿Cómo deseo terminar el año? ¿Cuál es el fin de todo lo que hice durante el año? ¿Estoy contenta con mi vida y los días recorridos?

Durante los 364 días anteriores, sucedieron muchas cosas. Algunas «cambiaron la jugada», como se dice en el mundo del ajedrez. Así que necesito detenerme a reflexionar: ¿Qué es lo más importante para mí ahora? 

Ganar, sería la respuesta más lógica, pero la verdad es que esas situaciones inesperadas, pueden hacer que pierda.

Para cerrar bien el año, podría hablar de una buena cena, vestidos elegantes, estar rodeada de las personas que amo, pero cuando el reloj avance se terminará la magia y sólo será un día más que termina. Lo único que cambiará será el almanaque.

¿Cómo cerrar bien el año, pensando en que mi vida no puede continuar igual?  

Como punto medular, lo primordial del cierre de un año y el comienzo de otro, es comenzar con el Alfa y el Omega, Jesucristo. Casi, casi, como en un circuito de carreras, partir del lugar al que llegaremos victoriosos. 

No obstante, necesito entrenamiento para llegar a la meta, necesito ejercitar la fe. Estas son 2 disciplinas para ejercitarla:

La oración:

  • Comenzar ejercitando el contentamiento. Dando gracias en todo (1 Tesalonicenses 5:18). Reconocer que Él Señor quita y da. Bendecir el nombre de Cristo (Job 1:21-22)

  • Reconocer que Él es el Señor de nuestras vidas. Con un corazón arrepentido, observar los días pasados y pensar en qué momentos negué esta verdad, dejando que el orgullo tomara el control de mis decisiones.

  • Enfocar mi atención en que mi oración está dirigida a Aquél que ya corrió la carrera. Esto es un motivo de alabanza, Él ya venció, así que no recorreré sola la carrera. Su consejo me guiará por sendas de justicia.

La Palabra de Dios:

  • Su Palabra es lámpara a mis pies y alumbra el camino (Salmos 119:105). Meditar en versículos que me alienten, pero también en aquellos que me confronten. Su Palabra es viva y es eficaz, no se debe encapsular a mi conveniencia, más bien, permitir que ella misma con el poder del Espíritu Santo transforme mi mente diariamente.

  • Hay muchas formas creativas para poder meditar en la Biblia: Cantar, memorizar los versículos con la ayuda de movimientos, escribirla con letras lindas, entre otras formas. Pero no debo olvidarme de preguntarle a Cristo, su mensaje directo para mi vida. Él es el Autor y Consumador de la fe, el que con gozo soportó la cruz, y quien es el Sumo Sacerdote que se compadece de mis dificultades, pues tuvo flaquezas y fue tentado pero sin pecado. Por ello puedo asirme de su misericordia para darme la ayuda oportuna para cerrar bien este año y comenzar el siguiente.


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