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1 febrero 2021

¿Qué tanto afectan los medios digitales a nuestra productividad y salud integral?

Foto por G. Santiago

¿Los medios que consumo me ayudan a sacar mi creatividad y mejorar mi productividad o solo estoy matando el tiempo, acumulando información?

Por Andrea Hernández de Del Rivero

Ya todos sabemos que los medios actuales son una explosión de contenido vibrante, atractivo y emocionante en muchos sentidos. Nos facilitan la manera de conocer el mundo y de comunicarnos de maneras que nunca antes habían existido. El futuro llegó y no deja de sorprendernos.

Soy una de tantas millones de personas que tiene una cuenta en Netflix, Facebook, Instagram, YouTube, Google, Spotify y hasta Amazon. Uso aplicaciones como WhatsApp, Waze, algunas de podcasts, revistas en línea, juegos, y otras. Fuera de estas categorías pero también un medio importante para mí, es ir al cine. ¿Qué más puedo pedir?

Tengo todo para entretenerme, aprender, divertirme, pasar el tiempo, conocer, relajarme, etcétera. Pero si pienso más allá, me temo que si no me detengo a reflexionar en qué tanto me he dejado llevar por los medios sociales digitales, corro riesgos. Es ya mi realidad y la de generaciones arriba y abajo de mí. He visto el poder que tienen, tanto de despertarme como de adormecerme ante la realidad. Y si yo soy vulnerable a caer, otros también, pues estamos todos inmersos en estas redes. Por ello, vale la pena poner pausa a este ritmo agitado para buscar sabiduría juntos.

Una herramienta que considero poderosa, a la hora de reflexionar, es hacer preguntas. A continuación propondré varios elementos que están presentes en nuestra relación con los medios. Hagamos un análisis sincero y personal a través de las preguntas y escojamos desde qué perspectiva queremos navegar en el mundo virtual:

Consumir vs crear

Somos seres creativos y con características únicas. Cada quien tiene algo qué aportar. Lo podemos ver fácilmente en otros. Muchas veces nos conformamos con absorber lo que el mundo nos ofrece pero, ¿en qué momento creamos?

En mi experiencia, cuando paso mucho tiempo consumiendo contenido de diferentes medios, me aburro y hasta me deprimo, en vez de despertar mi creatividad y poner mi mente activa. Veo todo el potencial creativo que la gente está compartiendo, cuando yo solo me dediqué a deslizar mi dedo por tres horas.

Ahora, ¿publicar historias en Instagram mañana, tarde y noche cuenta como crear? Depende del contenido. Analicemos las motivaciones internas y lo que estamos comunicando a los demás. Igual va para cualquier otro medio en el que publicamos quiénes somos.

Pero vayamos más allá. Algún propósito debe tener el consumir, además de entretenernos y recopilar información. Una cantidad adecuada y limitada de consumo debe impulsarnos a crear en nuestra vida diaria, fuera de Internet.

Preguntas de reflexión personal:

¿Estoy compartiendo lo que aprendí en ese Ted Talk? ¿Hay algo de lo que leí que puedo aplicar en mi escuela o trabajo? ¿Esa película que vi o la nueva playlist que escuché me anima a explorar mis habilidades artísticas como escribir, pintar, o dibujar?  En sí, ¿los medios que consumo me ayudan a sacar mi creatividad y mejorar mi productividad o solo estoy matando el tiempo, acumulando información?

Recibir vs cuestionar 

Tengamos cuidado con solo recibir la información que los medios nos comparten y asumirla como verdadera. Debemos pasarla por un filtro o un proceso de reflexión. Muchas veces nos gana el famoso FOMO (miedo a perderse de un acontecimiento). Vemos aquel nuevo lanzamiento del que millones de personas están hablando, pero ¿tiene algo bueno qué aportar? ¿Por lo menos está dentro de nuestros gustos o lo vemos solo para no quedarnos atrás? ¿Nos da miedo ser criticados si no lo hemos visto?

Se vale cuestionar los valores que está transmitiendo esa serie de Netflix que tanto nos gusta.

Aprendamos a ser selectivos y consumir lo bueno, lo que nos construye. Sé que no podemos estar en un burbuja y limitarnos a buscar puro contenido cristiano y de enseñanza profunda. Existe muy buen material, ahí afuera, al que vale la pena tener acceso, aunque no estemos totalmente de acuerdo con todo lo que ofrece.

Es muy rico crecer en la habilidad del análisis. Aprender a ser objetivos, a disfrutar del arte cinematográfico (por dar un ejemplo). Preguntarnos el por qué nos gustó o no nos gustó lo que acabamos de ver, escuchar o leer. Identificar las emociones que nos causa, etcétera. Así que, seamos siempre conscientes de los valores que fuertemente quiere inculcarnos la sociedad actual. Sepamos qué estamos aceptando y qué estamos rechazando.

Preguntas de reflexión personal:

Cuando me atrae una película ¿me detengo a leer la sinopsis, investigar de qué trata, la clasificación que tiene o leo alguna reseña antes de verla? Si comienzo a leer o ver algo que no me gusta, que me causa tentaciones o va en contra de lo que creo, ¿tengo el valor de detenerla y seguir adelante con otra cosa? ¿Qué anhelos internos salen a la luz con las cosas que veo/leo/escucho? ¿Qué tanto dejo que moldeen mi identidad los medios que elijo? ¿Pongo atención a la letra de la música que más me gusta?

Reaccionar vs influir 

Existen distintas plataformas que nos dan la facilidad de mostrar nuestra identidad e influir en los demás. Antes, alguien que influía a las masas tenía que ser una figura pública, famosa y/o pertenecer a la industria del cine o televisión. Los demás, éramos solo simples mortales que hacíamos intentos en nuestro entorno inmediato. Pero, las cosas han cambiado.

Ahora existen personas que por gusto abrieron un canal de YouTube, para hablar de temas que les apasionan y tienen miles, millones de seguidores en el mundo.

Desgraciadamente, muchos de ellos, están siendo una mala influencia para quienes los ven. Pero también hay miles de esos “simples mortales” que están haciendo cosas muy significativas. Usando sus talentos, sus gustos y su profesión, para compartir luz a los demás, con mucho, poco o nada de presupuesto. Con esto no quiero decir que cada quien tenga que abrir su canal para ser de influencia (o tal vez sí). Mi punto es señalar el potencial que tenemos en la actualidad.

Si tan involucrados estamos en los medios digitales, aprovechemos los espacios para compartir cosas que valen la pena. No solo perdamos el tiempo reaccionando con likes, gifs o comentarios troll de todo lo que vemos.

Tengamos cuidado con la gratificación instantánea. La frecuencia de selfies, las indirectas a otros contactos. Desbordar públicamente todas las emociones o detalles de nuestra vida personal. La obsesión por los likes y seguidores, entre otras cosas. Tomemos en cuenta que todos nos ven y ya estamos influyendo. ¿Qué tan buena o mala influencia somos?

Preguntas de reflexión personal:

¿A qué tipo de publicaciones estoy reaccionando en redes sociales? ¿Estoy haciendo bien a las personas con mis contribuciones en el mundo digital? ¿Qué impresión quiero dar a otros o qué puntos ciegos podría tener? Cuando veo memes que me dan risa, ¿pienso en lo que estoy apoyando o comunicando al darle like y compartir? ¿Qué tan congruente soy en reflejar mi relación con Dios y mis convicciones?

Distraer vs cuidar

Ahora pensemos en el autocuidado y la salud integral. Los medios son fuentes de entretenimiento ilimitado. Nos vuelan la imaginación, nos liberan de estrés, nos ponen de buenas, nos sacan temas de conversación. Pero también nos desgastan, nos distraen de cosas importantes, nos detienen física y mentalmente, nos contaminan, nos vuelven adictos. El efecto positivo o negativo depende en gran manera del tiempo que los usamos y el tipo de contenido que consumimos.

El tiempo es valioso y es un don que Dios nos ha dado y nos pedirá cuentas de cómo lo usemos. Valoremos los recursos que tenemos: nuestro cuerpo, mente, emociones, alma. Todos los elementos que componen nuestro ser están diseñados para ser nutridos y cuidados.

He notado que ya no nos damos el lujo de aburrirnos. Si pasa, inmediatamente sacamos el celular o prendemos la tele. Muchas veces, es a través del aburrimiento que permitimos al cerebro trabajar. Es cuando empiezan a correr las ideas más creativas que de otra manera no hubieran salido.

Recuerdo cuánto disfrutaba comer sola cuando por algo no tenía con quien estar. Era un momento muy rico en introspección e imaginación. Ahora, me he cachado con una mano en la sopa y la otra en el celular. Cuando queda el plato vacío, me doy cuenta de que ni me enteré de qué tan rica estaba la comida. Algo tan básico y no lo disfruté, ¡es muy triste!

No dejemos que los medios sean toda nuestra fuente de entretenimiento, ni nuestros generadores de endorfinas.

Se nos olvida que ahí siguen: el hijo a quién transferir vida, amigos, padres, hermanos, novio(a), esposo(a) a quiénes abrazar y amar, el perro ansioso por jugar, los juegos de mesa, las charlas en el café, el club de lectura, los parques lindos para caminar, el nuevo puesto de comida de la colonia para conocer, el festival de jazz en la ciudad, la nueva exposición de arte en los cientos de museos que tenemos. ¡Son tantas las opciones!

Entonces, tengamos el valor de poner límites claros. Dejemos de seguir a quien no aporta. Silenciemos esos chats que distraen. No nos dejemos llevar por lo que todos hacen. Paremos el adormecimiento espiritual. Seamos intencionales y conscientes al invertir nuestro tiempo. Defendamos nuestra intimidad con Dios y salud integral.

Preguntas de reflexión personal:

¿Cuánto tiempo paso al día sentado o acostado viendo a una pantalla? ¿Podría hacer ejercicio en vez de ver el celular? ¿En verdad cuento con el dinero para pagar todas las cuentas o aplicaciones a las que me di de alta? ¿En qué podría ahorrar? ¿Qué es lo primero que hago al despertar y lo último al dormir? ¿Cuánto tiempo puedo aguantar sin ver mi celular? ¿Cómo está afectando el tiempo que paso en Internet mi relación con Dios y con mis seres queridos?

Soledad vs comunidad

Fuimos diseñados para vivir en comunidad. Hasta el más introvertido e independiente necesita tener una buena compañía de vez en cuando y saberse amado. Podemos encontrar valor en la solitud; en ese encuentro gratificante con nosotros mismos, pero, ¡ah, cómo odiamos la soledad!

Es precisamente ese miedo a la soledad, lo que nos lleva a hacer mal uso de los medios que tenemos presentes. Si no incluimos a nuestra comunidad real (no la virtual) a estar activos en nuestra vida, nos exponemos a caer en hábitos y patrones terribles. Los medios digitales son súper útiles pero también nos esclavizan, nos aíslan y son una cuna de adicciones (a la pornografía, a los videojuegos, a las compras por Internet, a redes sociales, a chats de citas, etcétera).

Limitemos ese tiempo a solas. Dediquémonos a cosas que nos dan vida. Invirtamos tiempo y esfuerzo en fortalecer nuestras relaciones. Tengamos una vida devocional real. Rindamos cuentas a alguien de confianza. Busquemos ayuda si reconocemos que hemos llegado demasiado lejos. Pero persistamos en mantenernos o regresar al diseño original que Dios creó para nuestro bienestar y el cumplimiento de nuestro llamado en la tierra.

Preguntas de reflexión personal:

¿Cómo me protejo de no caer en tentaciones? ¿Qué opinan mis amigos y familiares sobre el uso que hago de los medios en general? ¿Cómo me afectaría si no pudiera usar el celular por toda una semana? ¿Qué tanto uso el Internet para escapar de mis problemas? ¿Cuánto tiempo paso a solas intencionalmente? ¿Cómo me siento después de usar medios digitales por horas prolongadas? ¿Qué cambios quiero hacer respecto a mi relación con los medios digitales?

Disfrutemos la libertad que Dios nos ha dado para crear, cuestionar, influir, cuidarnos y vivir en comunidad.

“Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza” (Filipenses 4:8 NTV).

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