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16 diciembre 2020

La motivación para salir de mi adicción a la pornografía

La motivación para vencer mi adicción a la pornografía

Por Daniel J. Lobo

A los quince años empecé a consumir pornografía y me volví adicto. Llevaba una doble vida: en público, involucrado en todas las actividades de la iglesia, pero en privado, una vida llena de culpa y pecado. Sabía que lo que hacía estaba mal pero ningún método para liberarme parecía funcionar.

Nací y crecí en un hogar cristiano. De hecho, fui lo que muchos llamarían un típico “hijo de pastor”. Las bancas de la iglesia me vieron crecer. Conocía todos los cantos e historias bíblicas.

Al igual que otros hijos de pastor, acepté a Cristo por primera vez a los siete años de edad, luego a los diez, de nuevo a los doce y a los quince. Desde muy temprano, mostré aptitudes musicales, lo cual me ganó un lugar en el coro y luego en el grupo de alabanza.

Sin embargo, en mi adolescencia apareció esta inclinación a la pornografía. Intenté acercarme a Cristo más y mejor. Acudí a un consejero que me animó a no darle demasiada importancia al asunto. Tomé una resolución tras otra, pero no podía mantenerme limpio ni un par de semanas. Incluso una vez le pedí a una hermana con el don de milagros que me sacara ese espíritu de inmoralidad, pero no funcionó.

La tecnología avanzó y tuve internet en casa y una computadora personal. Fue la receta para el desastre. Llegué a la conclusión de que simplemente viviría así para siempre y que lo mejor era no casarme para no arruinar más de una vida.

A los 22 años, recién salido de la universidad y estrenando trabajo, fui invitado a una conferencia sobre educación cristiana. Sin embargo, por un aparente error de comunicación, el conferencista había preparado un tema diferente: la sexualidad bíblica.

Empezó hablando sobre cómo Dios creó el sexo para disfrutarlo de acuerdo a su diseño. Dijo que como Dios es el Creador y nosotros sus criaturas, somos responsables ante Él por cómo  usamos nuestra sexualidad.

Explicó que nuestro propósito principal es vivir para la gloria de Dios y gozar de Él. Finalmente, habló de la salvación en Jesús, de cómo Él nos perdona y restaura de una manera profunda. Entonces, supe que debía pedir perdón por haber usado mal lo que Él había creado como algo bueno.

Comprendí que durante todos esos años, yo había sido mi propio dios e incluso, había intentado vencer esta adicción motivado por mi propia gloria. Ese día contemplé a Cristo bajo una nueva luz, me arrepentí delante de Él y me supe perdonado. ¡Dios es grande en misericordia!

Desde entonces, el Señor me ha enseñado a caminar en una creciente libertad. Su gloria resultó ser la única motivación necesaria en la lucha contra mi pecado.

Él me ayudó a quitar de mi vida lo que me hacía tropezar. Me enseñó a saciarme en Él y su Palabra. Me mostró la riqueza de rodearme de amigos piadosos a quienes rendir cuentas. Y aquel conferencista, que sin saberlo fue usado por Dios para dar un giro a mi vida, resultó ser quien predicó en mi boda.

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