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El trabajo, una actividad sana y productiva

Es posible trabajar en forma exagerada, y por lo tanto no dedicar el tiempo adecuado a la familia ni al servicio del Señor. Pero todo debe hacerse decentemente y con orden según nos enseña la Biblia

Por Elisabeth F. de Isáis (1925 – 2012)

Cuando Dios creó a Adán y a Eva les dio un gran regalo: el trabajo. Ellos cuidaban el huerto que les proveía de alimento. Cuando pecaron, el trabajo se convirtió en algo difícil de realizar, pero lejos de ser malo resultó una bendición, ya que sirve de catarsis, como distracción y antídoto para el aburrimiento.

Sin el trabajo, ¡cuántas tentaciones tendríamos en nuestra vida! No cabe duda que en gran manera la salud física de los hombres y mujeres depende del trabajo, aparte de que sea o no esencial para proveer para las necesidades de la vida.

El autor del libro de Proverbios cree que el trabajo es el mejor remedio para evitar problemas. Condena en forma rotunda al perezoso. Dice por ejemplo: “No ames el sueño, para que no te empobrezcas; abre tus ojos, y te saciarás de pan” (Proverbios 20:13).

Un clásico pasaje en donde el perezoso es comparado con la hormiga expresa:

“Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y prepara en el verano su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposar; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:6-11).

Podemos alegar que las condiciones sociales de nuestra época han complicado mucho el cuadro, sin embargo, el autor de los Proverbios tiene un buen punto. El trabajo es una actividad sana y productiva que hace falta en la vida de cada individuo y en la sociedad en general.

Cuando falta el trabajo y la tasa de desempleo aumenta, surge el descontento social, pesimismo, violencia y rebeldía, además de problemas relacionados con la falta de dinero para cubrir las necesidades básicas. Por el contrario cuando todos tienen un buen trabajo, el ambiente se vuelve más tranquilo y optimista.

La mujer que se dedica a atender a su familia y su casa también realiza un trabajo muy importante. Dentro del hogar es donde podemos enseñarle a nuestros hijos el valor del trabajo y darles las herramientas necesarias.

Tanto niñas como niños deben aprender a realizar las labores de la casa, desde la limpieza de la casa, hasta colocar un clavo para colgar un cuadro, cambiar un foco de  luz o encender el calentador de agua, además de la profesión que elijan estudiar.

Si les inculcamos a nuestros hijos el ser ociosos durante sus primeros 16 años de vida, y luego de repente les entregamos un trabajo y se rebelan, nosotros somos responsables de su actitud porque no les enseñamos desde pequeños a cooperar y ser responsables.

En el Nuevo Testamento aparecen muchos consejos referentes al trabajo. Pablo dice en 2 Tesalonicenses 3:10-12:

“Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”.

Es posible trabajar en forma exagerada, y por lo tanto no dedicar el tiempo adecuado a la familia ni al servicio del Señor. Pero todo debe hacerse decentemente y con orden según nos enseña la Biblia.

Recordemos el incidente donde el Señor Jesús mencionó a María y Marta, que hay momentos cuando el trabajo es secundario. Sin embargo, Cristo mismo trabajó mucho en su vida terrenal, y nos ha dado un ejemplo claro de su aprobación a dicha actividad.

Casi al final del libro de Proverbios el autor insiste en su punto de vista, respecto a este tema:

“Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida. Miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé consejo.

Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 24:30-34).

¡Qué Dios nos ilumine para ser trabajadores y buenos ejemplos a nuestras familias!

Foto por Eliab Bautista

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