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30 abril 2020

Salud emocional, ¿una tarea individual?

Por Adaía Sánchez

En los recientes años ha aumentado el interés en la salud mental y emocional*. Es algo muy bueno, si recordamos que en el pasado se desconocía mucho sobre este tema, además de ser tabú. No existían tratamientos adecuados y llegaban a complicarse tanto que afectaban seriamente la calidad de vida de las personas.

Ahora, casi en todos lados podemos encontrar información al respecto. En la radio, la televisión e internet, y no solo eso sino que contamos con una gran variedad de perspectivas y acercamientos al tema. Todos tratando de responder: ¿Cuál es el camino hacia ese estado anhelado de bienestar emocional? Disciplinas espirituales, terapia psicológica, medicina, yoga, auto-consciencia y otras opciones más.

Hay muy buen material allá afuera, eso no lo dudo. Sin embargo, leer y conocer más del tema, no siempre se traduce en un mayor bienestar emocional para las personas, lo digo por experiencia, pues estudié psicología.

Por otro lado, tal vez estemos demasiado enfocados en el individuo. Como si llegar a la salud emocional fuera uno más de nuestros objetivos profesionales o de productividad, “trabajo de mí, conmigo”; y que basta con tener fuerza de voluntad para cambiar los pensamientos y las decisiones que nos han definido por años.

Se nos olvida que como humanos, funcionamos de manera integrada y que cada situación nos afecta en todo lo que somos. No nos desensamblamos para arreglar la pieza que se averió, así como tampoco funcionamos bien estando aislados.

Dios dijo en Génesis: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Desde el comienzo el hombre fue diseñado con pensamientos y emociones, pero además con una necesidad de relacionarse.

De hecho, si buscamos la raíz de las enfermedades o disfunciones emocionales, encontraremos que en la gran mayoría es: relaciones quebrantadas. Asimismo el camino más efectivo hacia obtener y mantener la salud emocional es: relaciones. Relaciones genuinas caracterizadas por el amor, así como la que Dios nos ofrece.

Un estudio realizado por la universidad de Harvard, donde se entrevistaron alrededor de 700 personas durante 70 años, encontró que las buenas relaciones son el elemento clave que nos mantiene más felices y saludables en el transcurso de nuestras vidas.

Suena muy padre, ¿no? y hasta un poco obvio. Entonces, ¿por qué no lo estamos viviendo? La realidad es que socialmente hemos puesto otras cosas por encima. Valoramos más el éxito profesional, el conocimiento, la belleza física, la fama o la apariencia de una vida “perfecta”.

Las relaciones no son fáciles. Requieren una inversión de tiempo, vulnerabilidad y paciencia al desarrollar nuevas habilidades. Pero el beneficio a largo plazo de aprender esta lección es invaluable, incluso para las futuras generaciones.

El trabajo y la iglesia son lugares ideales para empezar. Aquí algunas ideas:

– En el trabajo, haz preguntas interesantes para llegar a conocer a profundidad a tus compañeros. Deja fuera los chismes, las trivialidades y la competencia.

Si tienes gente a tu cargo, promueve un ambiente de sinceridad. Inicia tus reuniones de trabajo con alguna pequeña dinámica, para que el equipo se conozca más allá de su rol en la empresa y su carrera profesional. Trátalos como personas, no como máquinas o recursos. Celebra sus cualidades únicas.

– En tu iglesia, renuncia a la falsa paz y al amor fingido. No hables sobre comunidad, practícala. No solo seas amable con las personas para dar la apariencia de unidad. Las personas responden al amor y el amor no se puede falsificar.

Una manera práctica de mostrar amor verdadero a una persona es escuchar sus necesidades y comprometerte a ayudarle en una, en los siguientes cinco días. Por ejemplo, si alguien en tu grupo está enfermo, llévale comida preparada a su casa.

Practica, practica, practica. Las relaciones no se dan en un día, pero con pequeñas iniciativas se logran grandes cambios.

Hay un gran poder sanador en el simple hecho de pertenecer a una comunidad en cuyas relaciones se experimenta seguridad, afirmación y verdad.

Podemos generar un gran impacto en la salud emocional para nosotros y para otros cuando trabajamos en nuestras relaciones. Y al revés, no experimentaremos un verdadero bienestar emocional hasta que no desarrollemos conexiones saludables.

* Para propósitos de este artículo la salud emocional, mental o psicológica serán tratadas como sinónimos.

Robert Waldinger: What makes a good life? Lessons from the longest study on happiness

Foto por Erick Torres

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